sábado, 19 de junio de 2010



DIA DEL PADRE

Mañana celebramos el día del Padre, a mí me encanta celebrar, celebro por lo que sea, mi casa siempre está disponible para cumpleaños, días festivos o cualquier tipo de celebración. Soy feliz celebrando, me gusta la alegría de la celebración, me gusta ver mi casa llena de personas queridas, llenándola de esa alegría y energía linda que se queda rondando un tiempo entre nosotros.
En mi familia hay pocos papás, ya sea por muerte o divorcio, quedan pocos papás con quienes celebrar, no son como las celebraciones por el día de la Madre, que vienen precedidas por grandes peleas acerca de con qué familia nos toca pasar ese año. Entre mi mamá, mi suegra, mis hermanas, cuñadas, primas, tías, sobrinas, el universo mamá es enorme y fiestero, en cambio el universo papá siempre viene teñido de una capita de tristeza.
A esto va esta mi primera entrada en este blog, nacido de la necesidad de decir cosas (escribir más bien), y nada más.
Hace un poco más de dos años mi papá falleció en un accidente de tránsito, viajaba por trabajo y el carro se despistó poco antes de llegar a la Oroya, sucedió un viernes de madrugada. Nosotros nos enteramos el domingo, por una llamada de la comisaria, en la que le informaron a mi hermano lo ocurrido. Inmediatamente después empezó el día más triste de mi vida. Nos congregamos todos en casa de mi mamá, listos a viajar a la Oroya, a constatar los hechos y recoger el cuerpo. Ese día entendí que la tristeza realmente puede doler, físicamente me refiero, porque un dolor se instaló entre mis ojos por mucho tiempo después de su muerte.
Luego de su muerte, mucha gente le rindió homenaje, era un hombre muy querido y respetado. Le dedicaron un programa en la radio, en donde por una hora hablaron de su trabajo como psicólogo y educador, sus amigos de la universidad escribieron poemas y narraciones acerca de él, sus alumnos le pusieron su nombre a la promoción y le rindieron homenajes en distintos lugares ligados a su profesión. Todo eso fue un poco avasallador, porque teníamos la obligación de asistir como familia, además queríamos hacerlo, pero ninguno de nosotros tuvo tiempo de procesar la tristeza, sólo hicimos lo que había que hacer.
Yo me quedé en silencio por un tiempo, escuchaba a mucha gente decir cosas lindas de él, y yo nunca dije nada, no sabía qué decir.
Creo que mi papá era un hombre esencialmente bueno, y si se lo preguntaban, probablemente él diría que era triste, y trabajador también; muy trabajador acotaría mi mamá. Llevaban 35 años de matrimonio y se querían, obviamente peleaban, pero creo que sabían vivir juntos, respetando su espacio, y cuándo no lo respetaban, sabían tolerarlo (previa pelea, también, pero finalmente lo aceptaban).
Mi papá decía que era triste, pero nos hacia reír. Yo recuerdo haberlo visto triste una sola vez, cuándo me habló de su mamá. Sí lo recuerdo molesto, eso sí, y era de temer, porque gritaba, y gritaba fuerte. Pero más lo recuerdo tranquilo y alegre, conversador y amiguero; y eso sí, trabajador, muy trabajador.
Mi papá era un espíritu rebelde, nunca se acomodó bien a las instituciones, era profesor en distintas universidades del país, escribía libros de psicología, que vendía en su andar por el Perú. Le gustaba viajar, y era muy cumplido con lo que se comprometía. Yo siempre lo admiré, por su inteligencia y su chispa. Valoraba su opinión, la escuchaba, aunque siempre terminaba haciendo lo que yo quería, y creo que eso es lo que finalmente él quería. Nunca nos obligó a nada, mis hermanos y yo tuvimos la libertad para elegir cómo llevar nuestras vidas, nuestros padres siempre confiaron en que nos habían educado bien.
Algo que los tres heredamos de mi papá, además de la nariz, fue esa incomodidad en las instituciones, cosa que nos ha obligado a generarnos nuestro propio trabajo. En mi vida cotidiana veo muchas cosas de mi papá, cómo la necesidad de tener libros, muchos libros; la compulsión por deshacerme de todo lo que ya no uso, aunque esté nuevo; la terquedad de quedarme haciendo algo hasta terminarlo. También me veo cosas de mi mamá, pero eso va para otra entrada.
Mi papá siempre decía que le regalemos cosas prácticas, que pudiera usar, y es por eso que cada día del Padre o cumpleaños, se llenaba de navajas de afeitar, medias, pañuelos, desodorantes y calzoncillos, y bueno, yo me especializaba en regalarle cosas que nunca en su vida usaba, pero que colocaba en los lugares más vistosos de su oficina.
Él nos quería, y nos quería sin peros, y yo estaba segura de eso. Si hay algo de lo que nunca dudé y por lo que nunca sentí que tuviera que pelear, fue del amor que mi papá me tenía.
Dedico esta mi primera entrada en el blog a mi papá, y también al otro papá de mi vida (que es mi hijo),osea, mi esposo, quien le ha dado una nueva dimensión a este día, que con los años, se volverá tan fiestero como el de la mamá.

3 comentarios:

  1. Chio, muchas veces la mejor forma de recordar a alguien es escribiendo sobre el y, la forma de expresarte, es sencillamente transparente. Te conozco desde el cole pero ahora realmente te conozco, Brujita!!
    Y estoy feliz feliz de seguir conociendote todos los dias hasta hacernos pasitas.. pero regias!
    Feliz dia del papi para Jose, para ti, para tu pa y para mi pa!

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  2. Una persona muy reflexiva, y sí, siempre decía algo que te hacia reír, lo recuerdo discutiendo contigo y llamándote la atención de la manera mas tierna que he visto (cuando nos amanecíamos terminando una tarea a última hora) lo traté muy poco pero lo suficiente para saber que era una gran persona. No puedo dejar de sentir algo de tristeza al recordarlo, porque sé que perdiste algo muy valioso. Pero animo, tiempo al tiempo y un feliz día a José. Un fuerte abrazo y carinos a Gabo.

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  3. Hola Chio, recien me entero que tienes este blog, escribes exactamente como hablas y eso para mi es excelente porq es como si estuviera conversando contigo cuando te leo.
    Me encanto el artículo sobre tu papá, hiciste que se me estrujara el corazón!!
    Cariños
    Laila

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