sábado, 26 de noviembre de 2011

Cosas de muertos y vivos



En mi familia no hubo muertos en muchos años. Cementerios y velorios me eran extraños, algunas veces acompañaba a mi mamá a velorios de personas desconocidas para mí, pero nada más.
Cuando tuve 30 años murió mi papá, y luego de eso la muerte como que tomó viada y los cementerios y velorios se volvieron cotidianos. Mi hijo jugó durante más de un año todas las mañanas de los domingos en el cementerio, corriendo entre las tumbas junto con sus primas.
Poco tiempo después murió Mamá Charito, tuvo una enfermedad tan larga y tan penosa, que la tristeza se confundía con la tranquilidad de no verla sufrir más. La tristeza por la muerte de mi papá era tan fuerte todavía, que no quedaba espacio para mucha más. No lloré hasta el día de su entierro, dentro mío algún duende egoísta me decía que las lágrimas le pertenecían a mi papá. Ella fue una presencia constante en mi vida, su casa era como una segunda casa para mi y mis hermanos. Me era difícil entenderla, muchas de sus actitudes me rebelaban, pero siempre estuvo ahí.
Siguió el tío Pali, medio hermano de mi mamá, y a quien veíamos poco porque vivía en Abancay. Mis recuerdos de él no son muchos, pero son alegres. Era el tío que me hizo cruzar por el medio de una avenida toreando a los carros. Yo acostumbrada a cruzar sólo en luz verde y en crucero peatonal, sentí una emoción parecida al de la montaña rusa, sólo me agarré fuerte de su brazo y confié en él. Era el tío que no podía entender que no me gustase el cuy, y se comía con gusto los pedazos que previamente yo había mutilado en un vano intento por encontrar carne. El tuvo también una enfermedad triste, al final sólo sentía dolor, y su familia, su enorme familia de 12 hijos con esposas y nietos, se turnaban para masajearle los pies. Eso me lo contaron, yo no estuve ahí, murió en Abancay.
Tío Peter murió en su cama, con su hijo Fabio, el menor de todos. Mi papá adoraba a su hermano Peter, y tío Peter adoraba a mi papá. Yo admiraba a mi papá, y el saber el amor que él le tenía a sus hermanos, era suficiente para saber que yo los querría también. Me regaló un libro cuándo era pequeña, y era un regalo para mí, con mi nombre, y eso era nuevo e importante para mí, ya que normalmente los regalos eran para Lilly y para mí, en esa época no tenía muchas cosas propias, todo se compartía y como mi hermana era mayor ella tenía prioridad en uso. Pero ese libro era mío, y me lo regaló tío Peter.
Hace poco murió tío Sid, y al fin recuperé la tristeza. Hasta hace poco la tristeza sólo le pertenecía a mi papá. Hoy, la muerte de tío Sid me devolvió la  capacidad de llorar a mis muertos, siento que al fin, después de cuatro años, mi corazón empieza a cicatrizar y ya puede ser herido otra vez. Y por irónico que parezca, esto es bueno.

domingo, 20 de junio de 2010


TOY STORY

Hoy fuimos a ver está película al cine. Desde que mi hijo nació mis visitas al cine casi se han limitado a películas de animación para niños, y la verdad, me parece bien, las películas para mayores de 14 años las vemos ahora en la intimidad del hogar, digo, a la larga resulta más económico, más sano y más cómodo también. En fin, pero las películas para niños sí las vemos en el cine, cubiertos de grandes cantidades de canchita y mucha sprite.
Esta semana hemos visto en video Toy Story 2 por lo menos una vez por día, en algunos casos, dos, y Gabrielito esperaba con ansias la película 3. Y debo decir que la disfrutó. A mi me asombra la capacidad que tiene para admirar las cosas, la verdad, es que yo no recuerdo nunca haber sido así, por lo menos no con la honestidad con la que él lo hace, muchas cosas me gustaban, pero en mi recuerdo están más ligadas a mi necesidad de pertenencia a un grupo que a otra cosa. Gabriel en cambio casi casi vive en la piel de sus superhéroes favoritos, duerme abrazando su muñeco del Hombre Araña y ahora con su Boss Lightyear al otro lado, y si se los quieres quitar, dormido los agarra fuerte. Se sabe de memoria los nombres de los dinosaurios y sus características físicas, sabe quienes conforman la liga de la Justicia y quienes la de los Vengadores, y si jugando, intento que El hombre araña colabore con Superman, me corrige de inmediato, porque claro, la Liga de la Justicia y la de los Vengadores nunca trabajaron juntas, y Jose me dice que una es de DC y otra de Marvel, y entonces yo corro al kiosko a comprarme una historieta que a decir verdad, me confunde más todavía porque no entiendo ni michi, y créanme que ahora se mucho más que hace un año, cuándo recién me estaba especializando en dinosaurios. Y justo cuándo me empezaban a interesar los animalotes, me llegaron los superhéroes al rescate.
Es increíble ver a un niño crecer, yo lo miro y lo disfruto sin salir de mi asombro, y muchas cosas me las explico bajo la premisa de que de seguro, sí es un superhéroe. Hoy durante la película escuchaba a mi hijo hablar, decirles a los personajes lo que debían hacer, y cómo hacerlo, y luego se enojaba porque no le hacían caso, lo vi preocuparse por ellos, es decir, lo ví vivir la película, y eso me pareció maravilloso; y me di cuenta que en ello, él es igual que su papá, ambos comparten la misma facilidad para asombrarse de la vida, y yo los miro desde mi lugar, que está un poco más pegadito a la tierra, y los admiro así como son.

sábado, 19 de junio de 2010



DIA DEL PADRE

Mañana celebramos el día del Padre, a mí me encanta celebrar, celebro por lo que sea, mi casa siempre está disponible para cumpleaños, días festivos o cualquier tipo de celebración. Soy feliz celebrando, me gusta la alegría de la celebración, me gusta ver mi casa llena de personas queridas, llenándola de esa alegría y energía linda que se queda rondando un tiempo entre nosotros.
En mi familia hay pocos papás, ya sea por muerte o divorcio, quedan pocos papás con quienes celebrar, no son como las celebraciones por el día de la Madre, que vienen precedidas por grandes peleas acerca de con qué familia nos toca pasar ese año. Entre mi mamá, mi suegra, mis hermanas, cuñadas, primas, tías, sobrinas, el universo mamá es enorme y fiestero, en cambio el universo papá siempre viene teñido de una capita de tristeza.
A esto va esta mi primera entrada en este blog, nacido de la necesidad de decir cosas (escribir más bien), y nada más.
Hace un poco más de dos años mi papá falleció en un accidente de tránsito, viajaba por trabajo y el carro se despistó poco antes de llegar a la Oroya, sucedió un viernes de madrugada. Nosotros nos enteramos el domingo, por una llamada de la comisaria, en la que le informaron a mi hermano lo ocurrido. Inmediatamente después empezó el día más triste de mi vida. Nos congregamos todos en casa de mi mamá, listos a viajar a la Oroya, a constatar los hechos y recoger el cuerpo. Ese día entendí que la tristeza realmente puede doler, físicamente me refiero, porque un dolor se instaló entre mis ojos por mucho tiempo después de su muerte.
Luego de su muerte, mucha gente le rindió homenaje, era un hombre muy querido y respetado. Le dedicaron un programa en la radio, en donde por una hora hablaron de su trabajo como psicólogo y educador, sus amigos de la universidad escribieron poemas y narraciones acerca de él, sus alumnos le pusieron su nombre a la promoción y le rindieron homenajes en distintos lugares ligados a su profesión. Todo eso fue un poco avasallador, porque teníamos la obligación de asistir como familia, además queríamos hacerlo, pero ninguno de nosotros tuvo tiempo de procesar la tristeza, sólo hicimos lo que había que hacer.
Yo me quedé en silencio por un tiempo, escuchaba a mucha gente decir cosas lindas de él, y yo nunca dije nada, no sabía qué decir.
Creo que mi papá era un hombre esencialmente bueno, y si se lo preguntaban, probablemente él diría que era triste, y trabajador también; muy trabajador acotaría mi mamá. Llevaban 35 años de matrimonio y se querían, obviamente peleaban, pero creo que sabían vivir juntos, respetando su espacio, y cuándo no lo respetaban, sabían tolerarlo (previa pelea, también, pero finalmente lo aceptaban).
Mi papá decía que era triste, pero nos hacia reír. Yo recuerdo haberlo visto triste una sola vez, cuándo me habló de su mamá. Sí lo recuerdo molesto, eso sí, y era de temer, porque gritaba, y gritaba fuerte. Pero más lo recuerdo tranquilo y alegre, conversador y amiguero; y eso sí, trabajador, muy trabajador.
Mi papá era un espíritu rebelde, nunca se acomodó bien a las instituciones, era profesor en distintas universidades del país, escribía libros de psicología, que vendía en su andar por el Perú. Le gustaba viajar, y era muy cumplido con lo que se comprometía. Yo siempre lo admiré, por su inteligencia y su chispa. Valoraba su opinión, la escuchaba, aunque siempre terminaba haciendo lo que yo quería, y creo que eso es lo que finalmente él quería. Nunca nos obligó a nada, mis hermanos y yo tuvimos la libertad para elegir cómo llevar nuestras vidas, nuestros padres siempre confiaron en que nos habían educado bien.
Algo que los tres heredamos de mi papá, además de la nariz, fue esa incomodidad en las instituciones, cosa que nos ha obligado a generarnos nuestro propio trabajo. En mi vida cotidiana veo muchas cosas de mi papá, cómo la necesidad de tener libros, muchos libros; la compulsión por deshacerme de todo lo que ya no uso, aunque esté nuevo; la terquedad de quedarme haciendo algo hasta terminarlo. También me veo cosas de mi mamá, pero eso va para otra entrada.
Mi papá siempre decía que le regalemos cosas prácticas, que pudiera usar, y es por eso que cada día del Padre o cumpleaños, se llenaba de navajas de afeitar, medias, pañuelos, desodorantes y calzoncillos, y bueno, yo me especializaba en regalarle cosas que nunca en su vida usaba, pero que colocaba en los lugares más vistosos de su oficina.
Él nos quería, y nos quería sin peros, y yo estaba segura de eso. Si hay algo de lo que nunca dudé y por lo que nunca sentí que tuviera que pelear, fue del amor que mi papá me tenía.
Dedico esta mi primera entrada en el blog a mi papá, y también al otro papá de mi vida (que es mi hijo),osea, mi esposo, quien le ha dado una nueva dimensión a este día, que con los años, se volverá tan fiestero como el de la mamá.